La celebración del día del Arcángel Micael (San Miguel), tradicionalmente es celebrada como una festividad religiosa. Para la Pedagogía Waldorf también lo es, sólo que religioso  entendido desde el origen de la palabra que significa re-ligar, volver a conectar con lo cósmico-divino. Esto mismo sucede con las otras tres festividades que conforman el ciclo anual, Adviento, Pascua, San Juan que van unidas a las estaciones,  respectivamente así, otoño, invierno, primavera, verano.

La  Festividad de Micael está precedida de la celebración del equinoccio de otoño,  época en que los dos polos  terrestres se encuentran a una misma distancia del sol,  percibiéndose por igual la luz en ambos hemisferios. Podemos decir, época de equilibrio de la tierra, la balanza está en equilibrio,  el día es igual a la noche.

Es también la época en que el hierro meteórico cae a la tierra en forma de  lluvia de estrellas. El hierro en la sangre es fuerza. Una persona o un niño escaso en hierro, está anémico, no tiene fuerza ni para levantar los brazos. ¿Qué hacemos como maestros para llevar ese hierro a la sangre de los niños? Los ponemos a  enfrentar pequeños retos que les permitan vencer sus propias dificultades, superar sus miedos, adquirir valor y confianza en ellos mismos.

Para nosotros como maestros y padres esta es una época que nos invita a conocer nuestras propias limitaciones y miedos, a encontrar nuestra propia luz y fuerza, a buscar nuestro  equilibrio en la vida,  para acompañar cada vez con más acierto a nuestros pequeños en esta tarea conjunta que tenemos de  hacer de ellos seres de bien a pesar de todas las dificultades de la época.

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