¿Cómo ha sido la adaptación de la pedagogía waldorf al distanciamiento social?

¿Podemos seguir siendo llamados “maestros” en estos tiempos de implementación de la distancia entre estudiantes y maestros? 

“El estudio del hombre como base de la pedagogía” es el texto escrito por Rudolf Steiner como fundamento para la educación waldorf, es un compendio de 14 conferencias con las cuáles va conduciendo a los maestros practicantes y estudiosos de dicha pedagogía por el conocimiento del hombre en el plano anímico, espiritual y corporal y fue a partir de este conocimiento que estructuró el currículo para dicha pedagogía. 

A la vez que el maestro se adentra en el conocimiento del hombre genérico, se acerca al descubrimiento de su propio proceso, septenio por septenio y va logrando verificar por sí mismo, las certezas en su fundamentación y aplicación de acuerdo a las edades y grados correspondientes.

Sobre esta base el maestro estructura su clase sabiendo que es necesario alimentar a los estudiantes, en las tres facultades que conforman su ser, pensar, sentir y hacer, que tendrán la debida adaptación de acuerdo al grado de que se trate. Es decir, el currículo se planifica de acuerdo a la naturaleza de los niños y avanza con su crecimiento. Así el maestro se va haciendo uno con los niños y sobre esa base de confianza, el desarrollo anímico, cognitivo y creador del grupo, se va conquistando. 

Se infiere entonces que la presencia del maestro frente al trabajo es indispensable, pues él y todo lo que le hace ser el maestro acompañante de ese grupo de niños:   su porte, sus gestos, su dicción, su forma de poemar o narrar los temas, conforman o redondean la presentación que diariamente hace de cada clase. 

La situación vivida mundialmente hoy, ha establecido la necesidad de la implantación virtual de los encuentros entre niñ@s y maestr@s,. Ellos generosamente se han ido acomodando a esa modalidad, novedosa y atractiva de momento, pero supremamente nociva a más largo plazo en la conquista de una individualidad autónoma y libre, búsqueda central de la educación waldorf. 

Los maestros han reemplazado sus aulas y salones de encuentros semanales por frías reuniones por zoom, donde se comparten técnicamente los aconteceres de cada grado y de la institución en general y se trazan las acciones para cada semana   

Las plantas físicas han quedado a merced de uno o dos vigilantes que hacen eso justamente, vigilar y proteger el bien. Pero la institución como ser vivo que es, se empobrece en el silencio y ausencia de quienes son su sangre, los niños y maestros, que van y vienen por sus espacios, corriendo, saltando, cantando, gritando, aprendiendo vivamente.

 La ausencia o distanciamiento de los otros y de nosotros, pues es en el encuentro donde nuestro ser logra el espejamiento y por lo tanto el pulimiento de las facetas humanas, se nos mueve la pregunta del para qué la humanidad está viviendo esta situación.

 En nuestro oficio de maestros, ¿Cómo lo estamos haciendo? ¿Cuánto de nosotros se transforma a la vista de nuestros estudiantes para alcanzar la altura de modelos a imitar? ¿Estamos comprendiendo el contraste con los encuentros virtuales y estamos sacando las enseñanzas para dar todavía más vida a los que vendrán después de este suceso?  ¿Logramos transmitir a las familias que la modalidad virtual es transitoria que debemos volver a la clase presencial donde el aprendizaje es un acto de respiración cálido en el que damos y recibimos todos como grupo, como familia, como institución? 

“¡ESTO TAMBIEN PASARÁ!” y grandes lecciones nos dejará, una de las principales, que necesitamos del gesto, de la mirada, del abrazo que nos reconoce como seres humanos dignos de ser llamados “ corona de la creación”

 

Gloria Elena Londoño / Directora Pedagógica, Escuela Caracol.

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